
Tiempo después supe que esta ciudad había sido la antigua Bizancio, con un glorioso pasado griego. Además pude saber que el nombre de Estambul se lo dieron los turcos a principios de la modernidad. Conocerla y caminarla era uno de mis sueños más preciados.

Así fue que llegué a Estambul, con la mente impactada desde la infancia. Pero no sabía que esta ciudad ahora impresionaría todos mis sentidos. Primero fueron los oídos: recién llegados al hotel, al abrir la ventana, pudimos oír un canto atronador. Era el llamado a la oración que venía desde los minaretes de las dosmil quinientas mezquitas de la ciudad. Al mismo tiempo los creyentes lo entonaban desde las calles..., una experiencia inolvidable.
Luego, a la mañana siguiente, navegamos el Bósforo: ese mítico estrecho que separa a Europa de Asia y une al mar de Mármara con el mar Negro. Ver tanto azul y un continente a cada margen llenó los ojos de belleza y cultura. La brisa fresca que se respiraba en proa era vida que me penetraba por las narices. Al regresar a la ciudad, en las tiendas callejeras y en los bazares, Estambul se me antojó una gran alfombra de seda que estimulaba al tacto para seguir tocándola a toda hora y en cada parte de su extensión. Finalmente, comiendo sobre el puente que en pocos minutos une a las dos orillas, el gusto también disfrutó con el pescado más fresco que puedan imaginar y vino blanco de Turquía.
Así fue nuestro primer día en Estambul, el primer día de un sueño dorado que arrastré desde la infancia y que me llevó hasta allí, desde la mente a los sentidos, pero siempre con idéntica emoción. Imaginarán que todavía queda mucho por decir y mostrar de ESTA CIUDAD.
2 comentarios:
Hermosos lugares Oscar Rodriguez, especialmente los detalles de cada comentario e historia.
Muy bueno el contenido los mensajes de cada paisaje. gracias por este regalo Oscar
Wow... Imprecionada con tanta belleza.
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